Harta de los prejuicios, el odio y la suficiencia.
Siempre que conocemos a una persona nueva nos preguntamos el número de seguidores que tendrá en Instagram y cuántos comentarios en Twitter, en lugar de interesarnos por su verdadera personalidad y no por una digital, la cual seguramente sea falsa. Por supuesto, qué decir si se trata de una de las pocas personas que no han caído en esta epidemia de tecnología y no tiene redes sociales, la miraremos con desprecio de la forma más disimulada que sea posible y creeremos que debe de tratarse de una persona introvertida y marginada.Error. La cantidad de errores que cometemos al juzgar a los demás, hay tantas razones por las que odiar a alguien sin conocerlo, su forma de vestir, de opinar, sus gustos, sus hobbys... Todo vale, podemos usar cualquier cosa en contra de una persona, darle la vuelta y utilizarlo como excusa para dañarla. En esto nos hemos convertido. Cuando estamos tristes nos sentimos reconfortados ante la idea de que otro se encuentra en una situación peor en lugar de intentar ayudar. Casi nadie actúa por el bien de los que lo rodean, no, somos nosotros mismos los que tenemos que triunfar y si por el camino al éxito pisamos a un par de rezagados, mejor que mejor. Parece que actualmente nuestra frase favorita es "Todo para nosotros, sin otros."
Estoy cansada de que la gente sea tan superficial, parece que nadie se da cuenta de que la verdadera belleza no está en el físico. Una vez que hemos conocido al guapo o a la guapa de clase, no necesitamos mostrar interés en los demás, para qué si ya formamos parte del grupo social líder. Queremos ser aceptados a toda costa, da igual los métodos que empleemos, no importa si son sucios o rastreros, o lo peor, que más da si no somos nosotros mismos. Abandonarnos, ocultar nuestros gustos, eso, es lo peor que se puede hacer.
Odiar a alguien por superarnos en lugar de humildemente pedirle ayuda. Preferimos dar la espalda a la gente que destaca en ámbitos separados de lo social y de la capacidad de hacer amigos. Buscamos fama, no felicidad y esto sólo nos traerá amargura. Querer poseer todo y no dar nada, es tan irónico como que nosotros mismos nos destrozamos con el único y exclusivo propósito de encajar. Odiar sin razón, querer por interés y soñar con caerle bien a todo el mundo. Estos son nuestros objetivos últimamente, además de haberse convertido en nuestros pensamientos más frecuentados.
Deberíamos darnos cuenta de esta terrible equivocación que terminará consumiéndonos, tenemos que aceptar a una persona por lo que es y no por sus intereses, por su deseo de ayudar y no por llevar una camiseta de marca, por ser uno mismo y no una copia, porque todo el mundo se merece una oportunidad de ser querido por cómo es.